Prevención del delito en la propiedad horizontal

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Recomendaciones al consorcista y administrador

Por el Lic. Víctor A. López

CUIDADOS DEL RESIDENTE

RECOMENDACIONES AL CONSORCISTA Y ADMINISTRADOR

Ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina

Agosto 26 de 2015.

El perjuicio del delito en sí, las lesiones o daños materiales por él producidos, cuando no es perdida la vida misma, son precedidos en la cotidianeidad por el mero temor a ser victimizados, surgiendo así la identificación del término “seguridad” con el plano subjetivo, con sensaciones o expresiones anímicas que alteran los hábitos diarios que limitan el goce de nuestras libertades. En el contexto de esta definición, y visto que la propiedad horizontal no se ve ajena a tal realidad, a continuación sigue una serie de consideraciones, tanto para el residente como la administración del consorcio. Claro está, se trata de generalidades, puesto que cada edificio o complejo habitacional posee características propias y se halla en un marco de vulnerabilidad específico, mereciendo cada uno un estudio de seguridad particular. Lo que sigue es, quizás, la simple presentación del problema.

PREVENCIÓN DEL DELITO EN LA PROPIEDAD HORIZONTA.

Todo análisis de riesgo, cualquiera sea el ámbito de su aplicación, posee dos ejes de medición esenciales: “probabilidad de ocurrencia” e “impacto” (también denominado “extensión del daño”). De esta forma, y buscando simplificar la comprensión del texto al no hallarse destinado a profesionales de la seguridad, se han delineado consideraciones que hacen a los cuidados recomendables al morador de la propiedad horizontal, a saber:

1) Control de accesos: en lo referente al cuidado de terrazas, acceso primario (planta baja) y cocheras, ningún control de accesos puede descansar plenamente en la conducta aquí recomendada al usuario (inquilino o propietario), pues éste ignora el uso de los ingresos durante la jornada completa, no pudiendo determinar en todas las ocasiones si está frente a un potencial delito o una eventualidad corriente (por ej. reparación de una unidad funcional o espacios comunes, visitas de familiares de algún morador, etc.). Prueba de esto son las falsas denuncias (en realidad corresponde el término “llamadas”) al 911, cuando un residente del consorcio cree visualizar personas de “actitud sospechosa” (cuidado con este concepto, su análisis merece un escrito aparte) y resultan ser albañiles que están trabajando en el edificio o, viceversa, facilita el ingreso a delincuentes ataviados con ropas de trabajo porque asume está trabajando en las instalaciones. Así las cosas, el Encargado del edificio (mal llamado “portero”) cumple un rol fundamental, siendo la persona que se halla diariamente en el lugar durante el día y conoce acabadamente el movimiento. Los moradores deben estar al tanto de toda salvedad que pueda ser mal identificada como situación de riesgo (visitas, instalación de cable o teléfono, etc.); esto último nos permite introducir el “rol de llamados”: entrega bajo recibo escrito con firma y aclaración a cada residente, de una lista de números telefónicos (uno por habitante), e-mail, Whatsap u otro. Su funcionamiento es sencillo: cuando en la órbita de una unidad funcional se genera una novedad, su morador inicia la cadena de llamados anoticiando a la persona que le sigue en la lista de, por ejemplo, el trabajo de albañiles en su departamento o la recepción de visitas, para que ésta continúe llamando al siguiente, y así sucesivamente hasta estar todos enterados. Claro está, cuando la excepción termine, quien la generó debe repetir la cadena informando tal circunstancia.

2) Control de residuos y correspondencia: Los residuos vertidos en la entrada del edificio o bien en canastos para éstos habilitados, suelen ser, en horas de la tarde, revisados por recolectores de cartón y papel para reciclado, quedando a la vista distintos objetos que pueden dar información, por ejemplo, de la existencia de valores líquidos en una unidad funcional en particular, la condición de no hallarse habitada o de la residencia de personas mayores solas en ella, todos aspectos que hacen a la oportunidad de potencial ilícito. Por ello, debe tenerse especial cuidado con la basura, destruyendo resúmenes de tarjetas de crédito o cuentas bancarias, cédulas de notificación judiciales o administrativas que brinden detalles de de la identidad o moradores de la unidad, fotografías, etc. La correspondencia, dicho lo anterior, merece atención en la misma línea, procurado un buzón en planta baja debidamente seguro, esto es, que impida la extracción de los papeles en él depositados. Por otro lado, la ausencia de un buzón genera el amontonamiento de correspondencia en el suelo o mesa del lobby que, sin ser abierta, puede brindar información sensible, siendo la más común la ausencia de residentes (por ej. vacaciones) por lapsos prolongados: si se amontonan los sobres es porque no hay nadie que los retire. Aconséjese la disposición de un buzón con boca de depósito inviolable hacia la calle, y cierre con llave desde el interior del lobby. Caso contrario, comisiónese personal para la distribución diaria de la correspondencia a las unidades funcionales a que se halle destinada.

3) Condiciones lumínicas desfavorables: Los departamentos en altura pueden verse menos afectados por la situación a que éste acápite se refiere, dada la dificultad de ver hacia su interior desde la vía pública. Los primeros pisos y la planta baja, han de guardar condiciones sobre ventanales e intensidad lumínica que, si bien puede no la evite en su totalidad, dificulte al menos la visibilidad hacia el interior del edificio y facilite la visión de quienes en él se hallen hacia el exterior; se pueden evitar las luces blancas, dar tonos o efectos de espejado a los cristales que, sépase, si tienen un mínimo ángulo (es decir, no se hallan a 90º respecto del suelo), brindan una mayor barrera visual, resultando inevitable la mención del uso de cortinas. Sobre la línea municipal en coincidencia con el lobby o entrada, instálense luces en altura (cielo raso) de manera tal que resulte fácil para quien se halla dentro mirar la entrada; de esta forma se evita que las luces internas formen una cortina lumínica (reflejo) sobre la cara interior de los ventanales.

4) Puerta principal: Ningún sistema de cerramiento, seguro u análogo, puede impedir el forzamiento de la puerta; no existe el “riesgo 0”, sino la minimización del riesgo. Dicho esto, tanto la estructura de la puerta como sus puntos de anclaje (si tiene más de uno) y pestillos, y la complejidad de mecanismo de cierre y apertura, tienen por misión demorar la entrada forzada, formando sólo parte de un sistema de seguridad. En los edificios es muy común el empleo de cristales (Blindex); más allá de su dureza, existen métodos para su rápida rotura. Pueden detonar o romperse parcialmente dependiendo de su laminado plástico. Aquellas que poseen cristales pero su estructura es metálica, o son de madera con alma del mismo material, permiten la instalación de cerraduras eficaces, y su fraccionamiento es más difícil; sea de un material u otro, han de utilizarse picaportes de accionamiento sólo con llave, de esta manera, en el caso de las últimas puertas descriptas, aún roto el cristal el agente delictivo no podrá abrirla si no es con una llave o empleando un mayor grado de violencia que le llevará más tiempo y acaparará mayor atención de los transeúntes. Si bien luego lo mencionaremos, cabe destacar que la existencia de puntos ciegos devenidos de la distancia entre la puerta y la línea municipal (escalinatas, rampas, hall o recibidor) favorece al accionar delictivo al servir como lugar de ocultamiento, sea pretenda atentar contra el edificio, su moradores, contra un transeúnte (es decir, que use la entrada para ocultarse hasta el paso de su víctima) u ocultarse de la policía que lo persigue.
También es importante se otorgue mayor interés a la calidad de puertas empleadas en las unidades funcionales; en la actualidad, el grueso de los departamentos se encuentran muñidos de una simple puerta placa, cuya concepción es la de uso interior (para separar recintos dentro de una vivienda o instalación); más allá de la relevancia del factor costos, considérense puertas macizas para los departamentos, siempre y cuando no vaya esto en detrimento del plan de prevención de incendios evacuación.

5) CCTV y alarmas: como la carta de presentación lo anunciara, el presente es un aporte genérico, que recae sobre las conductas deseadas y cuidados que no implican costos específicos, pero carecería de seriedad omitir la mención de tecnologías. En cuanto a los Circuitos Cerrados de TV, son de utilidad siempre y cuando exista, primero, un monitoreo responsable: un operador que en las seis u ocho horas de su jornada laboral preste constante atención a los monitores, y que además sepa identificar alertas tempranas meritorias de alerta; y segundo, se disponga de “alguien” a quien alertar (vigilador, vecino designado –si hay un plan de seguridad vecinal-, encargado de edificio, policía adicional). Entonces, véase el mal gasto de dinero en que se puede incurrir con la falsa expectativa puesta sobre un CCTV si no se lo entiende como parte de un sistema integral de seguridad. Ahora bien, se muestra eficaz por sí mismo al empleárselo como complemento del portero eléctrico si, a más de hablar por la bocina con quien toca el timbre, el residente puede visualizarlo. Además de escuchar ruidos típicos de una situación violenta o conmoción pública, el sistema permite al residente visualizar desde su departamento el lobby, entrada principal, cochera y de donde sea que se disponga de cámaras instaladas. Los costos varían de empresa a empresa, de edificio a edificio (los más modernos ya incluyen en su construcción los canales de pasaje para el cableado) y de los componentes (el grueso importados); aunque de menor calidad que el sistema analógico, su simpleza operatoria, escasa infraestructura e inferior costo, hacen de la tecnología IP como la más recomendable, en función del empleo descripto.
De igual forma, los sistemas de alarmas sirven si hay una supervisión real y una acuda a cada evento. Es común el alarmado de cristales (por ej. microfonía) y accesos principales (apertura magnética) en el lobby, tras cuya activación en operador, desde la empresa prestadora, inicia un rol de llamados que debe incluir al 911 y al administrador; igual tratamiento reciben los pulsadores de pánico (algunos impuestos por ley —por ej. en causas de violencia familiar con restricciones de acercamiento—). Como ya se señaló, si bien existen dispositivos de mayor alcance, su descripción escapa al espíritu del presente.

6) Segmentos de riesgo comunes: Entendiendo por “segmento” a aquella combinación tiempo / espacial que implica riesgos específicos, es atendible
el factor “horario” que merece mayor atención. En la provincia de Buenos Aires, con estadísticas recogidas de actuaciones judiciales con estribo en delitos de mayor impacto social (en ese estudio robo calificado por el uso de armas, hurto en vía pública y robo calificado por escalamiento entre otros), durante el año 2014 se concluyó que el grueso de ellos se producía entre las 18.00 a 01.00 hs.; a esto se le sumó a mediados de ese año con incremento en lo que va del 2015, la figura acuñada por la prensa como “entradera”, cuya mecánica se asemeja a la de años antes publicada como “salidera”. Si bien no hay tipo penal con tales denominaciones, a los fines prácticos, ambas acepciones nos empujan a creer que entrar o salir de nuestro domicilio o lugar de trabajo representa, justamente, un segmento de riesgo. A lo dicho, agréguese el horario lógico de ocurrencia conteste a la estadística citada: entre la 18.00 y las 01.00, cuando finaliza la jornada laboral y se regresa al hogar. Se abre la puerta de casa, traemos las manos ocupadas, guardamos el auto, entre algunos factores particulares que hacen a la oportunidad del delincuente, amén de los generales: el abrigo de la nocturnidad, disminución del tránsito vehicular en la noche que facilita vías de fuga, etc.
Si bien, al momento de confeccionado el presente, su autor adolece de estadísticas más recientes, no escapa al conocimiento público la producción de hechos en horas de la mañana bajo circunstancias análogas a las descriptas en el párrafo anterior, debiendo asumir en la actualidad al momento de salir de casa hacia nuestros trabajos y llevar a los niños a la escuela como otro segmento de riesgo; tan sólo en el día de la fecha (26 de Agosto de 2015), en horas de la mañana se produjo en nuestra ciudad, según la prensa local, en un domicilio de calles 2 y 66, una “entradera” en ocasión de salir su moradora e hijo menor de su casa. El desenlace culminó con la aprehensión del sospechado, y no hubo afectación sobre la salud de las víctimas, sin embargo, es el aparato represivo el que demostró efectividad, y no la “prevención”, siendo ésta última nuestro fin como moradores de propiedad horizontal. A modo gráfico, imagine el lector las probabilidades de ocurrencia de ilícito que encierra la cotidiana actividad del encargado en horas de la mañana, cuando se aboca a la limpieza del frente del edificio, aún si cuidara que la puerta principal esté siempre cerrada (y son pocos los edificios que lo facilitan, pues suele entrar y salir en búsqueda de insumos de limpieza, sino es que utiliza manguera conectada en el interior del lobby).

7) Escenarios especiales: proximidad a locales de esparcimiento nocturno (boliches, pubs, bares, etc.), cercanía de estadios de fútbol, ubicación céntrica del edificio donde tienen lugar manifestaciones públicas violentas (cortes de calles, fogatas, bombas de estruendo, etc.), son algunos escenarios a considerar al momento de pensar en la prevención de ilícitos sobre la propiedad horizontal y sus residentes. En principio, todo edificio cuyo frente posea un espacio entre la línea municipal y la puerta primaria, generalmente en el que se emplazan escalinatas, canteros, acceso a instalaciones de gas y/o ventanales, está permitiendo que clientes del bar próximo se sienten en las escalinatas en estado de ebriedad u orinen en ella, que hinchas exaltados pinten con aerosol los colores de su equipo o alegorías obscenas sobre ventanales, o que manifestantes se instalen sobre los canteros utilizándolos como asientos y cestos de basura. En consecuencia, este espacio ha de ser suprimido, sea al momento de diseñarse, extendiendo el frente hasta la línea municipal sobre toda su extensión, o bien con un enrejado en el que bien pueden emplazarse el buzón y el portero electrónico. La segunda de las opciones se presenta ideal, toda vez que el frente sobre la línea municipal no deja de estar expuesto al vandalismo, si bien minimiza la posibilidad de hallar a una persona ebria dormida en las escalinatas o vasos y botellas sobre los canteros; claro está, no escapa a nuestra inteligencia que el diseño arquitectónico, desplegado en el tablero de dibujo, incluye múltiples factores a más de la seguridad.
Los actos de vandalismo y contravenciones, como la ebriedad, que tienen lugar en los puntos ciegos de la entrada de la manera descripta supra, no sólo resulta de nuestro interés por los daños que representan por sí mismos, sino por ser el caldo de cultivo óptimo para la concreción de delitos penales (por ej.: lesiones / homicidio en riña, amenazas, daños, robo).

CONCLUSIONE

Como se anticipó, esta es la presentación del problema. Ya en términos más técnicos queda el desarrollo de medidas específicas para la prevención del delito, más allá de guardar el residente los cuidados más arriba vertidos, tales como:
La contratación de personal privado de seguridad: ¿Qué incremento de las expensas implica? ¿Es rentable tal incremento en vistas a los riesgos tratados por el servicio contratado? ¿Qué se debe esperar del vigilador privado? ¿Y de la empresa de seguridad?.
Instalación de alarmas y CCTV: si bien el aumento de las expensas será menor que en el supuesto anterior, ¿Cuándo resulta conveniente su aplicación?; ¿Qué variedad de productos ofrece el mercado y cuáles se ajustan al contexto de vulnerabilidad en que se presenta la edificación a proteger? ¿Alarma con acuda o sólo rol de llamadas? ¿Qué limitaciones legales acotan el empleo de los circuitos cerrados de televisión?
Modificaciones edilicias: ¿Qué riesgos encierra la actual estructura del edificio / complejo habitacional? En consideración de los costos aparejados a trabajos de albañilería, herrería, vidriería, etc., ¿qué soluciones devienen convenientes ante los riesgos primeramente identificados? ¿Existe conflicto de las modificaciones propuestas con el plan de evacuación y prevención de incendios u otras reglamentaciones?
Si ha de generarse un guía para consorcistas, manuales para administradores o textos destinados al residente sobre la problemática, no pueden dejar de tratar las preguntas anteriores.

Fuente: AIPH

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