Renuncia a la administración de un consorcio

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En este mundo tan convulsionado, todas las relaciones se encuentran colapsadas, y la administración de consorcios no es una excepción.

La mayoría de los consorcistas creen que son ellos los que “echan” o “remueven” a sus representantes o administradores a gusto “a piacere”, pero mi experiencia me indica que estas decisiones corren parejas, es decir, los administradores también le ponen fin a la relación en forma unilateral. Literalmente las palabras que usan son “me cansaron, no saben lo que quieren, sin plata no se puede administrar, que se busquen a otro”.

Ante esta situación límite en la cual el administrador se encuentra inmerso, de no poder seguir su gestión, echa a mano de la única herramienta que tiene “la renuncia”.

Si es intempestiva la respuesta de los consorcistas no se hace esperar “Ud. no puede renunciar”. Y aquí comienza una serie de interpretaciones sobre dicha decisión.

Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española la renuncia es el abandono voluntario de algo que se posee o a lo que se tiene derecho.

Hasta acá y por definición sería un simple acto voluntario de aquél que posee un derecho, en este caso, el de detentar el ejercicio de la administración para el consorcio que fue nombrado.

La pregunta del millón es ¿Esta decisión genera algún tipo de obligaciones o responsabilidades para que no pueda abandonarse intempestivamente la administración del consorcio? ¿Puede el administrador de un día para el otro abandonar sus funciones como consecuencia de su renuncia?

El administrador puede renunciar siempre y cuando con este acto no le provoque perjuicios al consorcio.



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Fuente: Diana C. Sevitz

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