|
Quisiera hacer una consulta, porque estamos pidiendo
presupuestos para hacer un protocolo. Esta frase, imposible
de imaginar hace apenas 5 años, hoy está generalizándose:
cada vez más empresarios y grupos familiares se enteran
de la existencia de algo que se llama Protocolo Familiar
y Empresarial. Y si algún conocido lo tiene,
¿por qué no lo voy a tener yo?, piensan.
Sin embargo, no todos saben de qué se trata, ni para
qué sirve.
El hecho de que algo tenga un nombre es muy bueno, porque
permite reproducir un concepto entre diferentes personas.
Sin embargo, hay que tener mucho cuidado para evitar que ese
nombre termine ocultando más de lo que dice.
El protocolo no es un producto terminado, que se puede comprar
o bajar de Internet, como se hace habitualmente con un contrato
de locación, o con un boleto de compraventa de automotores.
Por el contrario, el Protocolo es apenas un paso, específicamente
el paso formal y documental, de un proceso de organización
empresarial y familiar que empieza mucho antes de escribir
siquiera el título de ese Protocolo.
Ese proceso se llama Planificación Patrimonial y Sucesoria,
y se abre cuando un empresario, o alguno de los miembros significativos
de la empresa, o de su familia, decide tomar previsiones respecto
de determinados temas, tales como:
El retiro de los mayores.
La relación entre los hermanos
La relación con los parientes políticos
La situación de la empresa, en caso de un
crecimiento importante
La situación de la empresa frente a una crisis.
La incorporación de miembros de la familia
a la empresa, y su eventual salida.
La relación entre el patrimonio, la organización
empresaria y la familia.
La formación necesaria para ser propietario
(total o parcial) de la empresa.
Las hipótesis a tomar en cuenta en caso de
fallecimiento de alguno de los propietarios.
La protección de los hijos menores, o los
mayores con alguna discapacidad.
La protección de la pareja frente al propio
fallecimiento.
Las maneras de encarar las situaciones de incapacidad,
permanente o transitoria.
Las pautas organizativas que permitan el crecimiento
deseado.
Los mecanismos para prevenir y resolver conflictos,
entre familiares, o con otros miembros de la empresa.
La diferenciación entre los diferentes espacios:
como propietario, como director, como gerente, como consultor,
como trabajador, y las retribuciones esperables en cada
caso, así como las responsabilidades de cada uno.
Poder pensar estas cuestiones lleva, normalmente, a revisar
vínculos y a aclarar situaciones históricas.
Esto permite revincularse con los miembros de la familia,
y con los miembros de la empresa, y fijar una clara visión
que va a ser el punto de partida para las decisiones a nivel
de la empresa y de la familia.
Cada protocolo es la culminación del proceso de revisión,
de diálogo y de acuerdos, dentro de un grupo empresarial
familiar. A veces, es posible redactar un protocolo con la
participación de integrantes de diferentes familias,
que constituyen en conjunto una empresa.
No siempre se tocan las mismas cuestiones, ya que en diferentes
culturas, mercados y trayectorias, los puntos relevantes pueden
variar significativamente.
Por esa razón, es extremadamente importante fijar
la agenda del protocolo.
Para ello, el primer paso es una etapa de diagnóstico:
cada uno de los miembros relevantes de la empresa, y los integrantes
de la familia, mantienen una entrevista individual y confidencial
con el Planificador, quien estará atento a que se pongan
sobre la mesa los puntos más relevantes de la historia,
y el modo de encarar la realidad por parte del entrevistado,
lo que permitirá avizorar las fortalezas y debilidades
de la empresa en función de sus integrantes.
A partir de esas entrevistas individuales es posible construir
un diagnóstico preliminar, que permite establecer una
suerte de radiografía del aquí y ahora, y, sobre
esa base, proponer el plan de trabajo con vistas a la confección
del Protocolo.
Esto, cuando el análisis preliminar arroja resultados
alentadores, ya que, en algunos casos, el nivel de conflicto
es tan ostensible, que lo mejor que pueden hacer los integrantes
de la empresa es trabajar para una buena separación,
que priorice los vínculos históricos antes que
los desvínculos del presente.
Como ocurre frente a una infección, el abrir
cosas que estaban guardadas desde tiempo atrás brinda
una oportunidad para reconstruir vínculos desde otra
perspectiva.
Pero el proceso no es mágico. Depende, en gran medida,
de la integridad, buena fe, compromiso y vocación de
cambio de las personas involucradas, que, para tener éxito,
necesitan comprometerse con la alternativa de vivir mejor,
y tener, por lo tanto una empresa más sólida.
|