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La El secreto de sus ojos: un reflejo de nuestra realidad
Por Leonardo Glikin, Presidente de CAPS Asociación
Civil, www.caps.org.ar
No es casualidad que la película argentina más
exitosa de los últimos tiempos narre una historia de
corrupción y justicia por mano propia
No es casualidad que la película argentina más
exitosa de los últimos tiempos, la que mejor ha representado
al cine nacional en el mundo, narre una historia donde se
muestra la corrupción de funcionarios judiciales y
uno de sus efectos naturales, la llamada justicia por
mano propia.
Si bien la película está ambientada en 1975,
plantea una problemática absolutamente vigente, respecto
de la cual todavía no empezó, siquiera, a esbozarse
una solución.
Mientras el Presidente de la Corte Suprema de Justicia cree
que las denuncias a los jueces por mal desempeño frente
al Consejo de la Magistratura son una mera venganza de quienes
están en desacuerdo con sus fallos, la sensación
de quienes padecemos ciertos fallos judiciales es que, todavía,
no son suficientemente denunciados, y que los malos funcionarios
gozan de una inmunidad que les permite seguir dilatando las
resoluciones, o dictando resoluciones manifiestamente erróneas,
que denotan absoluta falta de interés por la función
de administrar justicia.
Veamos algunos casos:
Después de 25 años (sí, así como
lo leyó, 25 años de juicio) una escribana es
condenada por mala práctica profesional. El fallo se
basa en que, en su momento, no solicitó los certificados
de libre inhibición ante el Registro de la Propiedad
Inmueble. Pues bien: esos certificados de libre inhibición,
que según la sentencia no fueron requeridos, se encuentran
en el expediente que la jueza tuvo a la vista para dictar
su sentencia.
Un canalla le quita la cobertura de obra social a la esposa,
de la cual se está divorciando, pese a saber que ella
ha enfermado de cáncer. El pedido de restitución
de la cobertura merece la habilitación de la feria
judicial de enero, porque el juez entiende que se trata de
una situación urgente. Cuando se le da la oportunidad
al marido para que conteste el pedido, éste lo hace
fuera de término, pero como él no está
de acuerdo con la manera como se contaron los plazos, apela.
La esposa solicita que se tenga por presentado el escrito
del futuro ex marido en término y que se resuelva la
cuestión de fondo, dado que, diga lo que diga el escrito,
el derecho de ella a la cobertura social es innegable. Sin
embargo, el Juez se atiende a la formalidad, y, frente a la
apelación formulada, envía el expediente a la
Cámara de Apelaciones. Conclusión: la esposa
(podemos llamarla, la víctima) debe someterse
a una delicada operación en un hospital público,
y enfrentar todos los costos de medicación, porque
transcurridos tres meses, todavía no se decidió
si aquel escrito se presentó en término o no.
La Cámara Civil funda el supuesto abuso de uno de
los litigantes contra la otra parte, sobre la base de afirmar
que un contrato entre las partes no fue un acto libremente
concertado, sino que ese contrato estaba redactado desde antes
por uno de los litigantes. Sin embargo, la propia parte supuestamente
perjudicada sostiene, en su demanda, que el contrato fue redactado
en su presencia.
Un latiguillo que se repite en Tribunales es: nadie
lee. Se refiere a que, pese a que todo el procedimiento
es escrito, los funcionarios judiciales dictan sus resoluciones
sin un apego mínimo a las constancias del expediente.
De esto poco se habla, dado que toda la atención periodística
suele estar dirigida a los asuntos ligados al Poder. Pero
la sensación de falta de justicia se forja en ámbitos
más privados, normalmente, en los Tribunales civiles,
comerciales y de familia.
Así como el Presidente de la Corte, en una defensa
corporativa que no le corresponde, ha anunciado que habría
de reunirse con autoridades nacionales y provinciales, y con
los colegios profesionales, para que disminuyan las denuncias
contra los jueces por mal desempeño de sus funciones,
el Poder Ejecutivo anunció que va a proponer que los
jueces deban someterse a exámenes de manera periódica.
Ninguna de ambas propuestas va a ayudar a mejorar la calidad
de la Justicia, ni va a sacar a la sociedad de la sensación
de denegación de justicia que actualmente padece.
El Presidente de la Corte debería aceptar que las
denuncias contra jueces son un acto extremo frente al fracaso
de la función judicial, frente a la comprobación
de arbitrariedad o negligencia de funcionarios a los que la
Constitución les garantiza la estabilidad.
El Poder Ejecutivo debería saber que la mayor parte
de los fallos que atentan contra la garantía constitucional
de debido proceso, y contra un elemental sentido de Justicia,
son dictadas por Jueces que pasarían con holgura cualquier
examen. Que ninguno de ellos actúa como lo hace por
ignorante, sino por razones mucho más delicadas.
Propongo que la Corte Suprema de Justicia habilite un sitio
de Internet para que todo profesional del Derecho, con su
firma, pueda denunciar cada anomalía judicial, en cualquier
instancia en que ocurra, y que el registro de éstas
sea exhibido públicamente, ordenado por organismo judicial
interviniente, y con derecho a réplica por parte de
los magistrados involucrados.
La publicidad, y el eventual registro de reincidencias por
parte de los magistrados incursos en conductas reprobables,
puede ser el verdadero remedio a la grave situación
planteada.
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